El secreto de mi éxito

El secreto de mi éxito

El inesperado fenómeno en la taquilla de Ocho apellidos vascos nos ha pillado por sorpresa, empezando por sus propios creadores. Emilio Martínez Lázaro  (1945) es un veterano del audiovisual español que supo adaptarse mejor a las nuevas tendencias que otros compañeros de generación. Aunque seguramente no esperaba algo así a estas alturas, el éxito no es algo nuevo para Martínez Lázaro. No todos los directores debutan en solitario ganando el Oso de Oro en el festival de Berlín, que se llevó por Las palabras de Max (1978). Luego vinieron diversos trabajos para la televisión y el cine, entre los que recordamos Amo tu cama rica (1991), una comedia muy del gusto de la época, que supuso el descubrimiento de Ariadna Gil, y El otro lado de la cama (2002), que puso de moda los musicales intencionadamente patosos.

Que un film español se mantenga en cabeza durante tanto tiempo, superando a las grandes producciones americanas es algo que parecía casi imposible de conseguir tal y como están las cosas. Más aún cuando no se trata de una película hecha a imagen y semejanza del modelo hollywoodiense, sino una pequeña película de humor, que recuerda a una sitcom televisiva. Ante la sorpresa, surgen las inevitables conjeturas sobre las causas que han llevado al público a acudir en masa a ver esta película. Se ha hablado del carisma de los protagonistas, por ejemplo, para intentar explicarlo. Es cierto que Dani Rovira se deja querer fácilmente, pero eso no bastaría para convertir en un hit cualquier cosa en la que aparezca. ¿Realmente es tan buena como para que haya batido records? ¿Qué diferencia esta película de otras comedias más o menos graciosas de humor costumbrista? No hace falta darle muchas vueltas: al fin vemos reflejado en la pantalla el tema de los nacionalismos periféricos y los contrastes entre comunidades, explotando sin complejos las posibilidades humorísticas.

El acierto de Ocho apellidos vascos es haber sido la primera película consciente del filón. Ni la anunciada secuela, ni las posibles imitaciones - ¿En qué estará pensando José Frade? – repetirán el fenómeno sociológico, aunque tengan un diseño de producción más solvente y un guion más elaborado. Quien da primero, da dos veces. 





Juan José Bors es @JJBors

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