En ocasiones veo plagios


UN CLUB NOCTURNO. INTERIOR/NOCHE 

Una cantante muy parecida a la Rita Hayworth de “Gilda” se mueve de forma sensual mientras interpreta una canción americana. Ambiente de cine negro: tipos duros, alcohol y humo (aún se fuma en un local cerrado). De pronto, la cantante saca un revólver, apunta a un espectador y descarga todas sus balas. 



Esta escena era el posible arranque de la historia que un servidor deseaba desarrollar para un cortometraje. Hasta que un día la vi reproducida, como la había imaginado, en un programa de televisión. Era un fragmento de la película “El detective y la muerte”, de Gonzalo Suárez. De este modo, mi proyecto se vino abajo. No fue la única vez que me pasó algo así. Cualquiera que tenga experiencia escribiendo guiones, sabe que esto ocurre muchas veces.  Uno está encantado con una idea que considera original, hasta que alguien le avisa de que el otro día pasaron una peli japonesa en la 2 que era igual. Si hubiese realizado el corto, solo los íntimos me habrían creído al explicar que se trataba de una simple coincidencia: el mismo suceso, el mismo ambiente, el mismo tipo de mujer… y, rozando el rizo, todo ello dirigido por alguien que nació en la misma ciudad que un servidor. Demasiadas casualidades para que resulte verosímil. Sería más fácil asegurar que se trataba de un homenaje a mi paisano. De otro modo, habría tenido que soportar acusaciones de plagio.

Este tipo de polémicas siempre han existido tanto en el cine, como en otras artes, especialmente la literatura y la música. En blogs, foros y redes sociales proliferan las listas de películas, canciones o novelas presuntamente plagiadas. Un argumento muy repetido es que gracias a Internet se han podido destapar muchos casos. Puede que sea cierto, pero lo que sin duda ha aumentado son las acusaciones gratuitas. En todas las culturas hay algún caso de especial repercusión mediática que pone de moda el tema. A nosotros nos tocó Ana Rosa. El plagio se convirtió desde entonces en la acusación preferida por quienes desean desprestigiar la carrera de algún artista que les cae especialmente mal. Todo troll bien alimentado que quiere ver hundido a un director de cine, ha lanzado más de una acusación en este sentido. Y no digo que todas sean falsas. Muchos artistas, que no esperaban ser descubiertos, han caído en la tentación.

Muchas celebridades se han visto afectadas por una situación muy especial en este sentido. Se trata de artistas de prestigio que viven de las rentas de su nombre. Llega un momento en que se limitan a firmar las obras realizadas por el “negro” de turno. Una forma de venganza por parte del autor en la sombra, puede ser fusilar una obra ajena que el artista consagrado luego presenta como propia. Al descubrirse el pastel, la celebridad no puede reconocer públicamente que se ha limitado a poner la firma.  Eso devalúa automáticamente toda su obra, puesta en entredicho. Los fans siempre le apoyarán, igual que los detractores siempre estarán dispuestos a acusar, aunque no tengan razón.

Hay situaciones en las que la verdad no importa: se ve lo que se quiere ver. Resulta especialmente irritante ver cómo se acusa de plagio por recrear escenas archiconocidas de películas clásicas (la intertextualidad, tan querida en la cultura pop), por seguir un determinado estilo que no tiene nada de original e incluso por recurrir a clichés de género. En ocasiones lo único que consiguen demostrar los acusadores es que no saben lo que significa la palabra plagio. Donde antes se decía “mala copia”, “adaptación inconfesa” o “imitación descarada” ahora siempre se dice plagio.

Ya no hay matices. A medida que se empobrece el lenguaje (y la capacidad de análisis) aumenta el uso de expresiones a las que se despoja de su significado preciso. De ahí vienen frases como “es un plagio del tipo de películas…” Si se trata de insultar, se prefiere emplear un término asociado al escándalo y el delito.

Este uso incorrecto, ha llevado a confundir la palabra “plagio” con un sinónimo de “imitación”. Pero, por muy extendida que esté la confusión, plagiar no es imitar.
Plagio es lo de la lambada: idéntica música (variando el ritmo) y letra (traducida del español al portugués) de principio a fin. Ahí no cabían las casualidades ni los homenajes. Se hizo una versión de una canción que se vendió como original sin pagar los correspondientes derechos de autor. Es ahí donde está la clave: el plagio es un delito contra la propiedad intelectual. En tiempos de Shakespeare, se podía tomar prestado todo lo que uno quisiera de un obra ajena. No existían los mismos derechos que hoy son de obligatorio cumplimiento. ¿Shakespeare plagió? Ahora se consideraría que sí. Pero se puede versionar todo lo que se desee, previo pago del importe correspondiente. Lo que realmente importa no es la similitud, sino el copyright.

Los derechos de autor son algo desfasado para muchos defensores de la cultura libre hasta que alguien a quien odian es acusado de plagio. No importa que un director cite las influencias de su última película en las entrevistas promocionales. Hay que estar completamente loco para ponerse en evidencia de esta manera, si realmente se comete un delito. Aún así, el listo de turno tiene que acusar de plagio. Y otros, a copiar y pegar sin contrastar la información (esto incluye a ciertos periodistas profesionales). Por supuesto que no ofende quien quiere, sino quien puede. A veces se llega a extremos de puro delirio. Recuerdo el mensaje histérico de un forero que acusaba a un conocido director de plagiar, en una sola obra, una lista interminable de películas entre las que se colaba una realizada varios años después… Un verdadero caso de plagio es demasiado grave para tomárselo a la ligera. Tan grave como negar la presunción de inocencia, sin que realmente se pueda demostrar si hubo o no intención de plagiar. Aunque, bien mirado, estas acusaciones pueden ser un símbolo de estatus. No eres nadie hasta que se te acusa de plagio. Como si fuese imposible que una película, canción o novela no se parezca a nada que se haya hecho antes. ¿Es posible a estas alturas idear algo realmente original? Lo veo difícil. Todo lo que no es tradición es plagio. La frase no es mía, sino de Eugenio d’Ors, que conste.